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VISITA DEL SANTO PADRE por JAVIER ARMAS

  • radiogaroecadenase
  • 5 jun
  • 4 min de lectura

¿Quién es es el señor de blanco que está junto a Pedro Sánchez?

Por Javier Armas, senador por El Hierro y presidente de la Agrupación Herreña

Independiente

El próximo 11 de junio, el presidente del Gobierno de España tomará un avión y se

plantará en el muelle de Arguineguín para acompañar a Su Santidad el Papa León XIV

en su encuentro con los migrantes. Habrá testimonios, habrá emoción, habrá

discursos sobre la solidaridad. Y, sobre todo, habrá fotografía. Una buena fotografía,

de esas que duran años en los archivos y que se enmarcan en los despachos. Me

alegra profundamente que el Santo Padre venga a poner el foco del mundo sobre una

tragedia que en Canarias conocemos demasiado bien. Lo que no entiendo es por qué

para Pedro Sánchez la inmigración no merece ningún viaje, salvo el que tiene

programado para posar junto al Papa. Todo me recuerda al famoso chiste que me he

tomado la libertad de recordar en el título de este artículo: ¿Quién ese señor de blanco

que está junto a Pedro Sánchez?

La pregunta que nos hacemos en El Hierro es muy sencilla: ¿dónde estaba el

presidente cuando hubo que estar?

No estaba en el muelle de La Restinga. Ese muelle pequeño compartido, al sur de mi

isla, por el que han pasado decenas de miles de personas y en el que también hemos

visto llegar la muerte. Lo han atendido nuestros vecinos, nuestra Cruz Roja, nuestros

sanitarios, nuestra Guardia Civil, la Delegación del Gobierno, nuestros funcionarios y

un voluntariado anónimo que jamás recibirá una medalla.

El Hierro, la isla más pequeña y más alejada, ha soportado la mayor presión migratoria

de toda España en proporción a su población. Y lo ha hecho con una dignidad que

debería avergonzar a quienes la administran desde la distancia. En todos esos meses,

en los peores días, nunca sentimos el aliento del presidente del Gobierno. Ni una

visita. Ni un gesto. Ni una llamada que los herreños sepamos ni recordemos.

Tampoco estuvo cuando Arguineguín se convirtió en aquel "muelle de la vergüenza"

que dio la vuelta al mundo, con cientos de personas hacinadas a la intemperie

mientras el Estado miraba para otro lado. Aquello también era inmigración. Aquello

también era Canarias. Pero faltaban la liturgia y los focos, y por eso no hubo prisa.

Y resulta especialmente doloroso compararlo con otra emergencia. Cuando el volcán

de Cumbre Vieja sepultó media isla de La Palma, el presidente fue a la Isla Bonita una

vez tras otra. Y me parece bien, La Palma necesitaba ese apoyo y lo tuvo. Pero ese

mismo Estado, que sabe fletar aviones y helicópteros cuando interesa, nunca encontró

una hora libre para subir a un helicóptero y plantarse en La Restinga a mirar a los ojos

a quienes llevaban años sosteniendo solos una crisis humanitaria. Ni tan siquiera,

muestra de su desinterés, haber nombrado a un director insular de la Administración

del Estado para responsabilizarlo de esta difícil emergencia. Se podía. Existían los

medios y deberían estar las personas. Sencillamente, no entraba en sus planes. Claro

que, ahora, con Su Santidad de por medio, la cosa cambia. Ahora la fotografía sí

merece el desplazamiento.

¿Qué clase de presidente tenemos, entonces? Uno que confunde gobernar con posar.

Uno para quien una isla solo existe el día que sirve de escenario. La inmigración no se

gestiona con una jornada de protocolo y un titular; se gestiona estando, escuchando,

dotando de medios, repartiendo la responsabilidad entre todos y no descargándola


sobre los más débiles. Se gestiona los días en que no hay cámaras, que son casi

todos. Así lo han hecho en mi isla magníficos profesionales que, ahora que ha aflojado

la tensión, son secundados y apartados de su justo reconocimiento.

Desde El Hierro, este viaje del presidente Sánchez el 11 de junio se ve como lo que

es: un desprecio más en una larga lista de desprecios a los canarios y, muy en

particular, a los herreños. Hemos sido la primera línea de una frontera europea.

Hemos puesto la cara, los recursos y el corazón. Y a cambio seguimos esperando un

aeropuerto a la altura, unas comunicaciones dignas y un Estado que no aparezca solo

el día de la foto. De El Hierro, mientras tanto, no se sabe nada. No estamos en el

itinerario. No estamos en el discurso. No entramos en la foto.

Que quede claro, los herreños no pedimos limosna ni reclamamos un photocall.

Pedimos respeto. Pedimos que se reconozca que mientras unos buscaban titulares,

otros recogían cayucos en plena madrugada. Pedimos que el Gobierno de España

trate a la isla más occidental y puerta de llegada de esperanzas con la misma seriedad

con que trata a sus oportunidades de propaganda.

Recibiremos al Santo Padre con el cariño y la fe que merece, aunque nos apena este

olvido a La Restinga en su agenda, porque su mensaje de humanidad es justo el que

esta tierra lleva años practicando sin que nadie viniera a aplaudirlo. Pero al presidente

del Gobierno le digo, desde el orgullo de ser herreño, una sola cosa, El Hierro no se

conquista con una fotografía. El Hierro se gana estando. Y usted, presidente, todavía

no ha venido.


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