PUER-PUERI CAPÍTULO 7
- radiogaroecadenase
- 12 may 2016
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Las monjas tenían toda una plantilla de profesoras en nómina. Maestras o licenciadas, las cuales eran contratadas por el Colegio. Todas eran educadas, cultas, incluso bellas y elegantes; se ganaban el sueldo porque enseñaban bien, además te introducían pedagógicamente, su propio sentido de ciertos valores morales, como lo hacían las monjas. Ellas, las profesoras, te impartían, aparte de su materia, nociones de buena educación y urbanidad. Les reconozco tanto mérito en lo concerniente a mi formación como a las monjas, la verdad. Posiblemente, tenían preferencia para entrar a trabajar en el Colegio, las antiguas alumnas, y muchas de estas maestras, lo eran. Más tarde en el bachillerato, conocí a otras, tan válidas como las de primera enseñanza, aunque tenían mucho más nivel, pues como he dicho anteriormente poseían títulos universitarios, y sobre todo, emanaba de sus personalidades, una gran clase. No existía el pasotismo, la competitividad con los propios alumnos, la golfería e incluso la falta de profesionalidad que hay hoy, de manera que cuando conoces a los que son honestos, que los hay entre tanta chusma, te quedas admirado porque ya no es lo normal. Repito, siguen habiendo joyas en la enseñanza, pero ya son mucho más escasas. A veces pienso que los que valen, fueron enseñados, por los que se les podía llamar verdaderamente profesores. Puede darse la explicación de que antes, estudiaban personas de clase media y buenas costumbres, después se dió más el fenómeno de que accedían a estudiar personas que por la falta de cultura de su familia y el hacinamiento de los barrios bajos, explosionados demográficamente, pues salían hacia la universidad en el tiempo de las becas y el desarrollo del antiguo Ministerio de Educación, alumnos que casi milagrosamente y debido a la enseñanza gratuita, llegaban a obtener la licitación académica de los diferentes planes de educación y ello les conducía al puesto de trabajo, llevando como bagaje un maletín sin ideales y conceptos enmarañados, propios de pícaros, oportunistas y perezosos, que nunca habían mamado la verdadera educación desde sus pilares. Por otro lado, me parece bien que todo el mundo tenga las mismas oportunidades, lo único es que en la cadena evolutiva, ese salto generacional, en donde las personas poco instruídas por el sistema, se iban incorporando a la enseñanza o al funcionariado, causaran muchos problemas en la relaciones interpersonales, participando de burlas, moovins,chismes, servilismos a los jefes, faltas de respeto y arrivismo,todo ello propio de sus condiciones de subalternos, que no habían podido superar, aunque también personas de mejor formación decepcinaban igualmente por su baja calidad humana. Una de las profesoras que tuve entre las buenas, era una excepción de la regla, pues ya ven que hablo bien de las profesoras del Colegio. Ésta en cuestión, era una pícara que enseñaba mediocremente, sin personalizar a las alumnas, nunca se detuvo ante las menos adelantadas, pero si te veía unas tijeras o cualquier objeto en clase, te lo retiraba, nunca los devolvía y se los llevaba para su casa. Poseía verdaderos arsenales de objetos. Las alumnas eramos como un secante, absorbíamos lo bueno y lo malo y debo dar gracias de sentir que en ese convento, los buenos ejemplos, preponderaban. Las profesoras se estimaban a sí mismas, de manera que no se les detectaba trabazones neuróticos de envidia hacia las alumnas. El único problema que proyectaban hacia mi persona y no todas, por supuesto, era mi sonrisa, les cabreaba hasta tal punto, que yo pasaba bastante tiempo fuera de la clase, porque me echaban toda la hora sin la más mínima piedad. Le pregunté a mi madre la causa de esa rección y me contestó: Hija, es que tienes una sonrisa muy bonita, propia de una niña feliz.



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