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LA PALMERA DEL TÍO MATÍAS

radiogaroecadenase
hace 6 minutos
3 min de lectura

             CRÓNICAS PRETÉRITAS


              Por Donacio Cejas Padrón


     CRÓNICA DE LA PALMERA DE MERESE


En días pasados, una noche de viento  propio de esta época del año en nuestro pueblo,  rompió la palmera  que estaba situada en la redoma de La Hoya del Diablo en Merese,  seguramente por las dimensiones    de altura y corpulencia que había adquirido, hizo que por su peso estuviera expuesta a  los rigores y consecuencias de las ráfagas de viento tan frecuentes en El Golfo. Según me cuentan desde El Ayuntamiento están mirando las diferentes alternativas que  han de plantearse para reponer en el mismo lugar otra palmera nueva o algún otro árbol apropiado para ocupar el lugar que por muchos años   fue un referente en la citada redoma.


La historia de esa palmera arranca del  año 1,961, cuando recién regresado de Cuba D. Matias Castañeda Padrón como consecuencia del nuevo régimen impuesto en Cuba que le intervino sus numerosas propiedades en  la hasta entonces llamada La Perla del Caribe, y también Cubita La Bella, ese cambio político le hizo salir de la isla rápidamente y venirse a vivir en su isla natal de El Hierro y a atender la finca de su padre que ya para ese entonces había fallecido.

Era D. Matías  una persona acostumbrada a marcar fechas, realizando algunas acciones que  dieran cuenta de las  diferentes épocas de su vida, en Cuba conocí una hilera de árboles gigantes, de la variedad cedros, que habían sido plantados  por D. Matías en los años treinta, también creó una escuela en su finca Perseverancia y le puso la fecha de su inauguración, así como el Centro Médico de Unión de Reyes que había sido una donación íntegra de su empresa familiar al pueblo, también le puso fecha de inauguración a su querido edificio Imacasme, etc. Y al llegar a Canarias, siguió con su misma costumbre, y unas de sus primeras acciones fue plantar en la huerta de su casa una palmera que él sabía se haría gigante y le sobreviviría a él mismo, como así sucedió, se hizo grande y robusta, y su casa de Tigaday era conocida entre otras cosas por su palmera  esbelta y  de gran porte. En sus primeras acciones como Presidente de El Cabildo, hizo construir el sencillo pero precioso Mirador de Jinama, y le puso en letras muy destacadas el año de su inauguración 1,965. Esta obra cumplió perfectamente el cometido para  lo que fue hecha, encajaba  con el entorno, y se pensaba que sería un referente para las generaciones futuras, pero inexplicablemente fue demolido sin ninguna necesidad, y en su lugar se ha construido un mamotreto que nadie lo quiere ni entiende.


Al vender D. Matias su finca de Tigaday, el alcalde del momento nuestro querido Isidro Padrón Armas, viendo que  en la huerta donde estaba la palmera se iba a construir un edificio, logró que los  nuevos propietarios le dejaran hacer un trasplante de la palmera y se le buscó como sitio muy apropiado la redoma de La Hoya del Diablo en Merese, logrando que sobreviviera al trasplante y empezando a crecer con normalidad, siendo ya un referente de nuestro pueblo, hasta ahora en que un fenómeno de la naturaleza  la ha dañado y seguramente habrá que ser reemplazada por otra. 

Esta es la sencilla historia de La Palmera de D. Matías que no ha tenido un final feliz, como tampoco lo tuvieron su lagar y bodega, seguramente las mejores y mas cuidadas de nuestra isla, que por la indolencia de las autoridades herreñas  que lo permitieron, fueron demolidos dos símbolos culturales y sociales que estaban obligados a conservar, pues eran un patrimonio cultural centenario, cosas de la vida, tanto alardear  de cuidar los elementos de nuestra historia,  y dejaron desaparecer a poco más de trescientos metros del Ayuntamiento unos de los más preciados símbolos de la tradición vitivinícola de nuestra isla, al mismo tiempo que  se le dedicaban recursos, a mi juicio exagerados, a  elementos  relacionados con los guanches, que en poco más de mil años que vivieron en nuestra isla no tuvieron ninguna evolución cultural, ni dejaron  nada digno de tener en cuenta  para el desarrollo posterior de ella, pues fue a partir de la conquista cuando llegó la agricultura, la artesanía, la técnica para los cultivos y para las construcciones etc. y son nuestros verdaderos antepasados, a los que por cierto muchas veces no, honramos debidamente,  siendo ellos los que nos legaron sus conocimientos y principios sociales, morales  y religiosos, que son los que han  dado carácter y forma a la sociedad  en que vivieron  las generaciones anteriores a nosotros  y las que nos han  transmitido.

hasta nuestros días.  Con frecuencia  las transmisiones orales interesadas  cambian  la rigurosidad de la historia  real y dan como ciertos hechos que no sucedieron.. Así es la vida

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