HA FALLECIDO Dª LUISA CASAÑAS
- radiogaroecadenase
- 24 may
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CRÓNICAS PRETÉRITAS
Por Donacio Cejas Padrón
HA FALLECIDO EN NUESTRO PUEBLO LA
VECINA LUISA CASAÑAS BARRERA
En días pasados falleció en nuestro pueblo una vecina muy querida de todos los que tuvimos la suerte de conocerla y ser sus amigos, conocida como Luisa la de Coloma, Luisa la de Andresillo, y también como Luisa la de Casa Blanca, nació y vivió en Los Corchos, primero en Casa Blanca con sus padres y numerosos hermanos y después en la parte alta del pago de Los Corchos, que es el último caserío de los pueblos de El Golfo en relación a la subida de Jinama, vía esta de paso obligado a quienes subían o bajaban
desde El Golfo a los pueblos altos de la isla.
Mi memoria alcanza a recordar a Luisa muy especialmente en La Iglesia de Candelaria, a donde acudía a misa regularmente todos los domingos y días de fiesta, sentándose habitualmente muy cerca de La Virgen de Los Dolores a cuya imagen le dedicaba ella un especial cuidado y devoción, incluso confeccionándole mantos y vestidos, pues entre las muchas habilidades que Luisa tenía, era que sabía coser y le hacía las camisas y pantalones a su esposo Andrés, a sus sobrinos y vecinos, y para cumplir encargos que le hacían sus conocidas.
Era vecina de toda la vida de mis queridos abuelos Donacio y Catalina y siempre la recuerdo transitando su casa especialmente, cuando ya mis abuelos mayores enfermaban y ella acudía a ayudarlos en sus deficiencias.
No tuvieron hijos Luisa y Andrés, pero le dedicaron cariño maternal a dos de sus sobrinos, primero a Juan y luego a Andresín ambos hijos de su hermana Carmen, creo recordar que vivieron con ella desde muy niños hasta que se casaron, y que sus sobrinos la miraron siempre con un cariño muy especial.
Al igual que todos los vecinos de Los Corchos, Luisa y Andrés vivieron de su esforzado trabajo en el campo, especialmente subiendo a diario a La Hoya Grande y Hoya Pequeña, dos zonas agrícolas de lo alto de El Golfo, en la cual los vecinos de Los Corchos encontraban sus sustento diario, era un ritual ver por las mañanitas subir a jóvenes y mayores de Los Corchos a cuidar sus plantaciones o sus animales. Recuerdo que mis abuelos se mudaban en algunas épocas a vivir semanas en La Hoya Pequeña sobre todo cuando tocaba la recolección de las nueces y castañas que se producían allí, y bajaban los domingos a vender el queso a las tiendas del pueblo y subían por la tarde para cuidar sus animales que los tenían estabulados arriba.
Era costumbre de la gente de Los Corchos plantar en determinadas épocas del año, papas debajo de los árboles del monte, que eran conocidas como Papas de Monte, y que ayudaban a la supervivencia de la vecindad. Había una relación muy constante, entre los vecinos de Los Corchos y El Monte, incluso con la necesaria tolerancia de las autoridades estos vecinos confeccionaban hornos para producir carbón, que después vendían en el pueblo con mucho cuidado para no ser denunciados por los funcionarios del monte o de El Ayuntamiento.
Aunque pequeño, el caserío de Los Corchos albergaba buen grupo de vecinos. Me decían mis abuelos que llegaron a vivir allí más de cien personas, casi todas relacionadas familiarmente, recuerdo los apellidos Cejas, Febles, Hernández,

Casañas, Ortiz, todos muy bien llevados y en constante colaboración mutua en las faenas del campo.
Luisa vivió algo más de los noventa años, sobrevivió a todos sus hermanos y hermanas, y enviudó hace unos años de su esposo Andresillo, persona también muy querida en el pueblo, por muchos años Presidente de El Casino de Belgara. Al fallecer Luisa se extinguió la familia de Los Casañas, y ahora nuevas generaciones van poblando el caserío de Los Corchos, tan cargado de historia, así es la vida. Todos recordaremos a Luisa y a Andrés con inmenso cariño y gratitud, y ahora junto al Señor tendrán tiempo para mirar a nuestra Iglesia de Candelaria y a nuestro Campanario de Joapira, tal y como lo hacían desde su vistoso patio de Los Corchos.
Que bonito es vivir en Frontera.




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