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LOS OJOS DEL PAPA por María Elena Moreno.

  • radiogaroecadenase
  • hace 13 horas
  • 2 min de lectura

Su Santidad el Papa León XIV posee una mirada melancólica no ausente de una tenue sonrisa de cordialidad. Sus marcadas y oscuras órbitas, evocan unas vigilias prolongadas y un arduo trabajo de estudio como hombre de altas capacidades que es.

Desde mi habitación por televisión, seguí con fervor y placer su visita a Canarias, pues yo no pude desplazarme por motivos familiares. Aprendí de su vida y sus mensajes. Su antecesor el Papa Francisco, tuvo una aparición de Jesús antes de morir y escribió un mensaje en una carta dirigida al clero, donde el Hijo de Dios le decía cosas relativas a las lágrimas que los cristianos debemos derramar, por las tragedias del hambre y las guerras que cubren de malas noticias, relativas al sufrimiento humano, toda la tierra.

Su Santidad León XIV se reveló como una persona muy mediática y atrayente hacia la Fe. Seguido por jóvenes, adultos y mayores, se ha ganado el amor de los fieles de la Iglesia católica y muchos más. Nunca estará feliz del todo el Papa, mientras no se borren las lágrimas de Jesús proclamadas por Francisco ante la pobreza, el hambre y los estados que continúan en guerras y conflictos económicos y de poder.

Seguí con mucho interés la mirada alzada del Papa desde la pantalla y me fijé en sus ojos inquietos y atentos a cuanto le rodeaba. Sin fatiga cumplió con toda su agenda de evangelización y predicó para terminar con la cara terrible de la inmigración.

Abrazó, bendijo y derrochó amor a cuantos se acercaron a Él.

Es valiente, misionero, humilde y cercano.

Acercó con su mirada a lo alto, a signos políticos, naciones, y dejó unas premisas de amor, encuentro y unión universal, sobre todo se dirigió a los más responsables y los situó a favor de los vulnerables. Llamó a la bondad y a la acción generosa y desinteresada que enseñó Jesús. León XIV es digno apóstol de la Iglesia. Yo le deseo salud y fuerzas para la lucha sincera que renueve significativamete la faz de la tierra, como dicen los salmos. Y que consiguéndolo desaparezca la melancolía de su mirada.

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