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EL DULCE NÉCTAR AMBICIONADO por ÁFRICA BARBAS

  • radiogaroecadenase
  • 14 ene 2017
  • 3 Min. de lectura


El dulce néctar de la vida. Más de la mitad del globo terráqueo se preocupa por la supervivencia, y los demás que no son pocos tampoco, se preocupan por la felicidad. Tanto en redes sociales, como en medios de comunicación nos torpedean continuamente con consejos para ser feliz, e incluso nos lavan el cerebro con fórmulas milagrosas para lograrlo. Psicólogos, estrellas mediáticas…. la lista es interminable, todos llevan el abrigo de la piedra filosofal de la plena satisfacción. Algunos iluminados se han atrevido a recomendar ciertos ingredientes, para la receta única y verdadera, de la felicidad total – eterna – constante; algunos recomiendan no intentar satisfacer a todo el mundo e intentar imitar los valores de alguien a quien admiremos mucho, quererse uno mucho a sí mismo y no tener en cuenta jamás lo que piensen de nosotros. Y hombre, visto así, grosso modo, son buenos consejos, pero nos olvidamos, tal vez de que el embrutecimiento emocional que padecemos, es también importante, quizá dependiendo de quién se tome semejantes recomendaciones muy a pecho, pueda resultar un éxito, o una abominación total. No sé si con sentimiento trágico o cómico, pero me imagino yo a uno de estos malcriados o malcriadas, insensibles, grandes admiradores de personajillos de reality show, a los que se recomiende para ser feliz ser aún más desconsiderado y vulgar, de lo que ya es. Desde luego, es indudable que la felicidad libre y en muchos casos rebelde, con ánimos de pasar desapercibida, se viste en la piel de cada uno, de forma diferente, a pesar de que mucha y mucho pobre alma de cántaro piense que comprarse lo último y conseguir todo aquello que se les vende, ya sea tangible o inmaterial, les vaya a acercar al nirvana. Desde luego, no voy a ser yo, la que intente convencer de nada a nadie, pues nadie mejor que yo lleva la mochila de Indiana Jones, en busca del Santo Grial. Sin embargo, sí que hay una medalla que voy a colgarme, la de haber podido conocer de verdad a una persona verdaderamente feliz, quizá más que feliz, sea esta mujer la felicidad en sí misma. Conocí bien a una mujer, con mucha más cantidad de cualidades, virtudes y talentos, que de defectos y vicios, y aunque no creo que ésto la haga menos digna de mérito, quizá la haya ayudado algo. Poseía una poderosa inteligencia, y una sensibilidad especial con todo, era generosa siempre y con todo y con todos. Su sensualidad y gusto por el placer eran amplios, pero nunca invadían la libertad y el bienestar de los demás. Gustaba de mejorarse, leyendo y aprendiendo, y si tenía algún ejemplo que admirar, (pues no idolatraba fácilmente), era siempre el de personas que hubieran hecho el bien. Esta mujer, amaba generosamente y había hecho milagros, para aquellos a los que quería, sin buscar sus halagos a cambio, sino el bien mismo para ellos, y lejos de quedar resentida, había cultivado una satisfacción en el orgullo de saberse la hacedora de magia en las vidas de todos sus próximos. Tenía carácter y nunca dejó que nadie injustamente la humillara, tenía un sentido equilibrado y perfecto de la disciplina y miraba siempre con los ojos de una niña, las maravillas de la creación y de la vida misma. Poseía esta mujer, tanto sentido ético, que dejaba que la sabiduría misma se manifestara sin problemas a través de sus quehaceres diarios, procurando siempre poner esmero en no dañar a nadie. Incluso cuando el tiempo, la hizo vulnerable supo siempre surfear elegantemente a los infelices que se afanaban en empañar el aura de su existencia y sobrellevaba con indiferencia infantil los acontecimientos más trágicos. Quizá su secreto, fuera siempre encontrar más que celebrar y desdeñar el lamentar. África Barbas.

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