NUEVA CRÓNICA DE DONACIO CEJAS PADRÓN
- radiogaroecadenase
- 23 may 2018
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BREVE SEMBLANZA DE LA PERSONALIDAD DE NUESTRO QUERIDO Y RECORDADO MAESTRO D. FRANCISCO ARDEVOL BLANCH, SEGÚN LOS DATOS QUE YO RECUERDO DEL MISMO. Francisco Ardévol Blanch, era natural de la ciudad de Reus, Provincia de Tarragona, su padre era un empresario de cierta potencia económica, dedicado a la distribución de cemento y otros materiales para la construcción, en cuya actividad colaboraban sus hijos, entre ellos D. Francisco, que había estudiado contabilidad y administración de empresas, terminado su bachillerato hizo estudios de Ciencias Químicas, al mismo tiempo que también estudió Magisterio, comenzando sus labores docentes en la Escuela de Minas de Manresa. Por razones que nunca D. Francisco explicó suficientemente, pero como consecuencia de La Guerra Civil, y de las turbulencias sociales y políticas que se originaron, D. Francisco decidió marcharse de la zona donde había vivido, y buscó plaza de Maestro lo más lejos posible, obteniendo la de titular de la Escuela de Niños de La Frontera en El Hierro. Llegó a nuestro pueblo una noche lluviosa del mes de Septiembre de 1.953, a bordo del camión-guagua de D. Luis Barrera, – matricula TF 9.370 – , y por instrucciones del Párroco y del Alcalde, los niños lo esperábamos en La Plaza de Candelaria a altas horas de la noche, que es cuando llegaba el camión desde El Puerto, y nos acompañaba D. Juan Febles Morales, propietario de la única Fonda que había en nuestro pueblo, y que alumbrado con un humilde farol de petróleo, acostumbraba todos los días de correo a ir a esperar el camión para recibir a los posibles huéspedes que pudieran venir en el mismo. Llegó D. Francisco con una cabellera larga y despeinada- nosotros decíamos con los pelos enchirinados- envuelto en una chaqueta de invierno con el cuello de piel, hablando de una manera nada fácil de entender, pues su castellano se parecía más al catalán, su lengua natal y que seguramente era la que habitualmente usaba en su tierra. Cuando los pocos vecinos allí presentes vieron la figura tan extraña del personaje, empezaron a exclamar: ¡Dios mío lo que nos han mandado! Siempre nos mandan lo peor. Pero extrañó a todos que su equipaje lo componían catorce pesadas cajas, y que él manifestó que eran libros y material escolar para la enseñanza, con lo cual ya quería demostrar que venía con propósito de quedarse largo tiempo; entre los niños, y algunas personas mayores, incluso el párroco, y alumbrados por el farol de D. Juan Febles pudimos llevar las cajas hasta la humilde habitación que le tenían reservada en La Pensión, que se alumbraba únicamente con la tenue luz de un quinqué. Como yo vivía en El Hoyo, junto a la pensión, nuestra ansiosa observación de niños nos hizo madrugar, para por la mañana volver a ver al maestro, y en efecto, ya estaba levantado, y en el camino hablaba con un vecino, D. Lorenzo González, y observé que le estaba indicando donde estaba El Ayuntamiento, a donde D. Francisco quería presentarse como Maestro. Nosotros, mi hermano y yo, bajamos enseguida a saludarlo, y nos recibió con mucho cariño, preguntándonos, al ver la muralla forestal que rodeaba el pueblo, por donde estaba la carreterita que lo había traído hasta allí, pues no lograba precisar senda alguna visible, tanto mi hermano como yo, y después mi abuelo Francisco y D. Juan Febles, le explicaron el recorrido que había que hacer para bajar a El Golfo, lejos estaba yo de pensar, con apenas ocho años de edad, que aquel extraño personaje sería muy determinante en mi vida, que sería el encargado de mi formación como ser humano, que me habría de transmitir conceptos y valores que me han ayudado a transitar por la vida como sencillo hombre de bien, y que mi relación con él mismo, habría de ser permanente en el tiempo, primero como su alumno, después como su admirador, como su amigo agradecido, que nunca más perdería el contacto con él, y que sería el promotor, muchísimos años después, junto a otros niños del momento, de que El Ayuntamiento de La Frontera le dedicara una calle con su nombre, y también, que en representación de sus alumnos de Las Lapas, junto a Rafael Armas, uno de sus alumnos más ilustres, estaría presente el día de su fallecimiento en Icod , y que con el permiso del Párroco en El Templo, ante su cuerpo inerte, le dedicara unas agradecidas palabras, dándole las gracias por tantos bienes espirituales que trajo a nuestro pueblo, y que terminé diciendo así: Buen Viaje Sr. Maestro, nunca le olvidaremos. Incorporado a su escuelita de Las Lapas, en un inmueble propiedad de D. Ramón Méndez, comenzó sus labores pedagógicas con un nuevo estilo, innovador y avanzado, que muy pronto empezó a dar frutos, y que hizo que en muy poco tiempo los niños nos sintiéramos a gusto con el maestro, atendiendo sus enseñanzas con mucho interés y atención, y que los vecinos del pueblo, comenzaran a mostrarle su cariño, visitándole, llevándole productos de la tierra, y sobre todo demostrándole su agradecimiento por el trato que nos daba a los alumnos. En el siguiente curso, junto a Sr. Párroco y a los demás maestros del Valle, fundaron una academia para preparar a los niños que dejaban la Primaria por razones de edad, para que estudiaran Bachillerato, siendo la primera academia de este tipo en nuestra isla, fuera de Valverde, entre sus alumnos recordaré a Carmelo González, Luki Gonzalez, Cayo Armas y su hermano Rafael, Fernando Fernández, Juan Pedro Castañeda, Agustín León y su hermano José Miguel, Jacobina Armas, Mariter Acosta, Olivia Pérez, Donacio Cejas, Dulce María Rosales, Pili Cejas, Inocencia Abreu y su hermano Juan, Valentín Gutiérrez Casaprima, Juan Arteaga, y muchos más que escapan a mi memoria. Algunos de esos alumnos lograron carrera universitaria Además por la noche en su casa, gratuitamente nos daba Contabilidad, materia que dominaba. Al poco tiempo de llegar, se enamoró de la que sería su esposa Dª. Maria Luisa Gonzalez Afonso, natural de Icod de Los Vinos, hija del maestro de Sabinosa D. Rafael, y fundó su hogar en Las Lapas donde vivió largos años. Tenía D. Francisco conocimientos avanzados de dibujo técnico, pintaba en acuarela, sabía teatro, componía letra para canciones a las cuales el recordado Párroco D. José Segura le puso música y que todavía se oyen en nuestro pueblo, diseñó el edificio del nuevo campanario de Frontera, hizo el diseño del renovado piso de la iglesia a tres colores, blanco, gris y negro, hacía los escenarios de Los Portales en Nochebuena, etc. Fue declarado HIJO ILUSTRE DE LA CIUDAD DE REUS. Y así brevemente, he tratado de hacer una semblanza de aquel hombre singular, al que yo he dado en llamar SIMBOLO DEL MAGISTERIO UNIVERSAL, pues su figura, su persona encarnaba, creo yo, las cualidades necesarias para ser un buen conductor de jóvenes y mayores, a los que también atendió en unos cursos cuando la campaña de alfabetización para adultos. Se fue D. Francisco en 1.962, destinado a un nuevo colegio en Icod de Los Vinos, donde ejerció hasta su jubilación, y donde igualmente, se ganó el cariño de sus alumnos y vecinos. Siendo ya muy mayor, sus alumnos lo llevamos a nuestro pueblo, y le rendimos un cariñoso homenaje que él agradeció muy emocionado, pues se volvió a encontrar con tantos alumnos y conocidos, con los paisajes de Frontera donde vivió hermosos años de dulces recuerdos, y nos dirigió unas palabras, con una oratoria bellísima donde trató de repetirnos que nada en el hombre es superior a su honor, y a su integridad moral, en todos los tiempos y circunstancias, y nos dijo así. “Les repito lo mismo que les decía e inculcaba en la escuela de Las Lapas, porque los principios de moral y decencia son eternos y permanentes”



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