LA TERCERA EDAD
- radiogaroecadenase
- 9 jun 2022
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CRÓNICAS PRETÉRITAS Por Donacio Cejas Padrón LA TERCERA EDAD Los que nacimos en las décadas de los cuarenta y cincuenta del pasado siglo, ya estamos transitando lo que ahora da en llamarse la tercera edad, que es casi como decir la última etapa del recorrido vital, camino de la ancianidad, si Dios nos permite llegar a ella. Hemos podido ir escalando los pasos de esa escalera que es la vida de los humanos, el primer tramo fue la niñez, en mi caso junto a mi madre mi abuelo y mi hermano en el querido barrio de El Hoyo, siempre se ha dicho que esa etapa tan sencilla marca muchos de los perfiles humanos que nos acompañan a lo largo de los tiempos que vamos atravesando, y cuando miramos la vista hacia atrás, para hacer algún recuento, siempre aparece en el espejo de los tiempos vividos en tan lejanas fechas, los paisajes entrañables, en mi caso de La Montaña, El Campanario, La Iglesia de Candelaria, El Risco de Jinama, Los Roques de Salmor, etc, que de alguna manera se impregnaron para siempre en mi mente y en el corazón. Luego vino la adolescencia, en mi caso ya durante ella, hube de tomar el doloroso camino de la emigración, primero a Las Palmas, y más tarde a Venezuela, pero siempre recordando aquellos parajes que yo interpretaba que me estaban esperando, gracias a Dios tuve ese premio del ansiado regreso. La juventud azarosa y de esforzados trabajos, hube de vivirla en tierras lejanas, tierras generosas y acogedoras, que no preguntaban tu procedencia ni origen, sino que se ofrecían y brindaban, para que nos integráramos en ella como un ciudadanos, sin limitaciones ni condiciones. El regreso fue gratificante con todas las implicaciones que ello lleva consigo, pues hube de dejar atrás casi treinta años de vida y de pertenencia a otra sociedad que me brindó todas las facilidades necesarias para una buena integración, y donde sencillamente me sentí muy bien. Ahora, ya reinsertado en mi tierra, con más de setenta años de edad, el escenario es bien distinto, faltan muchos de mis seres más estimados, algunos amigos de mi tiempo, Dios se los ha llevado, el estilo de vida ha cambiado, yo creo que para bien, pues ya nuestra tierra dispone de buenos servicios sanitarios de óptima calidad, comercio floreciente, vías de comunicación en constante mejora, agua para nuestros campos y domicilios, buenos colegios y centros sociales que hacen la vida agradable, sobre todo a los mayores, transportes puntuales que facilitan los desplazamientos, y en suma un conjunto de comodidades que antaño no sabíamos ni imaginar. Procuremos, las personas mayores, disfrutar de los adelantos que nuestra tierra nos ofrece, y vivamos con el regocijo que supone formar parte de un tejido humano que nos brinda los medios decorosos para una existencia tranquila y sosegada. Dios lo quiera.



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