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JOSE CARLOS GAVILÁN- NUESTRA MUERTE

  • radiogaroecadenase
  • 9 jul 2016
  • 4 Min. de lectura


Un tema del que no se habla y ni se piensa lo suficiente porque probablemente nos entristece, nos resistimos y no afrontamos la pavorosa realidad del final de nuestra vida por carecer en muchos casos de la fortaleza de la fe, que en definitiva es la que da sentido a nuestra presencia en el mundo, aunque no todos estarán de acuerdo, me refiero a los ateos y agnósticos. A éstos les diría que sigan en esa búsqueda de la verdad, que pueden permanecer firmes en sus planteamientos pero sin dejar de ser flexibles ante la posibilidad de un equívoco personal, por ser víctimas de una sociedad y una cultura errónea e interesada… Tolstoi, en su radical cambio espiritual que deja entrever en su novela “La muerte de Iván Ilich”, había escuchado el silogismo: “Todo hombre es mortal; Sócrates es hombre; luego Sócrates es mortal”. En esta novela, se hace mirada directa a ese vacío que tanta angustia nos reporta la muerte. La Iglesia nos anima a prepararnos para nuestra muerte. Pidamos en estas fechas de la novena de la Inmaculada (a la Madre de Dios), además de una petición especial (como a una madre cuando da un regalo), algo que necesitemos, una gracia, vencer algún defecto, preocupaciones que tenemos con nuestros hijos, amigos, a prepararnos para nuestra muerte…: “Líbranos Señor de una muerte imprevista” (Catecismo de la Iglesia Católica n. 1014). “Al atardecer de la vida te examinarán del amor” (S. Juan de la Cruz). No se sabe ni el momento ni la hora velad y orar para que cuando llegue no te encuentre desprevenido. Cada hombre recibe su contribución eterna, bien para su purificación o para su condenación para siempre. Realidades últimas del hombre, la muerte, el juicio final, el Cielo, el infierno, lo último que se va a encontrar el hombre como realidad… En los velatorios, además de rezar por las personas, también podemos meditar sobre la propia muerte. Ante la muerte de otros nos puede ayudar el pensar: “Llegará el día en que el que esté en esa caja seré yo”. “Creo en la resurrección del carne, creo en la vida eterna”. ¿Quién resucitará? –Todo hombre que haya muerto. ¿Cómo? –Será perfecto. ¿Cuándo? –El último día, al final de los tiempos. Tenemos la posibilidad de confesar todas las semanas como “juicio particular” para prepararnos, después, iremos al cielo, al infierno o al purgatorio. Leer el catecismo, rezar por las ánimas del purgatorio… Ahí hay mucho amor de Dios. En la Iglesia con la comunión de los Santos, Iglesia Triunfante por los que ya están en el Cielo, Purgante y Militante. La relación entre todos para que las oraciones lleguen al Cielo y encomendar a los Santos. “Un niño desobedece a sus padres, que le piden que deje de jugar con el cuchillo. El niño se hace daño, y sus padres sufren porque le quieren. Dios sufre por nuestros pecados. Ese niño pide perdón y los padres le perdonan, pero el niño sigue con la herida en el brazo. El perdón de sus padres no puede curar la herida. Dios sí puede curarnos, y esas heridas se van curando con nuestro arrepentimiento y las oraciones. Si no nos hemos curado al final de nuestra vida, iremos al purgatorio. Pero si hemos rechazado a Dios, iremos al infierno, ahí no hay amor de Dios, es uno mismo quien se ha rebelado contra Él. Y cómo puede pasar algo así nos preguntamos. Pues porque Dios no se salta nuestra libertad.” “Un niño pregunta a su profesor: ¾¿Dios es tan poderoso como para hacer una piedra tan grande que ni Él pueda moverla? Y el profesor le responde: ¾Ya ha hecho esa piedra tan grande que no puede mover, es la LIBERTAD ¾ Y añade: ¾Si no nos mueve el amor de Dios, que nos mueva el infierno. Si nos ayuda, todo vale. En el cielo no nos sirve de nada nuestras habilidades y profesiones, algunos como los matemáticos igual podrían seguir trabajando, probablemente porque Dios les ha enseñado un cuaderno donde poder hacer cálculos sobre nuestra capacidad de amar. Quizás nuestro amor quepa en un dedal, en una botella, en un camión cisterna o incluso en una presa sin agujeros, pero siempre Dios pondrá lo que le falta y los llenará con creces. Y es que, cuando vienen las dificultades, las incomprensiones… Él nos ayuda a superarlas.” La muerte es el final de la vida terrena, consecuencia del pecado original. El hombre nació, pero por su pecado hace la muerte efectiva, la muerte entra realmente en su existencia. Así, la muerte puede ser aceptada como un hecho natural que llega a su hora, un acontecimiento normal acogido con tranquila resignación. Como Cristo volvemos a la casa del Padre por amor. Monte gozoso, desde donde divisas cuesta abajo que nos llega el fin del tiempo de merecer. El alma en gracia en el momento de la muerte, queda orientada a Dios para toda la eternidad; si por el contrario estaba en otra dirección, así queda. El “Juicio Final” vendrá cuando llegue Jesucristo (la Parusía). Especialmente las primeras semanas de Adviento son de preparación para la venida del Señor al final de los tiempos. ¿Cuándo será esto? No lo sabemos: más vigilancia y menos cábalas. En este Juicio Final quedarán patentes hasta las últimas consecuencias de lo que cada uno haya hecho o haya dejado de hacer: “¿En qué medida nuestras buenas acciones ayudaron a los demás? ¿Cómo facilitaron el mal en otros?” En algunos casos nos pondremos colorados de la vergüenza de nuestros actos, en cambio en otros estaremos muy contentos y nos sentiremos satisfechos. Juan Pablo II: habla sobre la muerte como si fuera un gran paso que cruzara el umbral de la esperanza, y pone al hombre revestido de su condición de mortal. Pero no para desesperarse, sino para acoger a Dios que con su Resurrección abre a los hombres las puertas del cielo. San Agustín: ¾ “Porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto mientras no descanse contigo” ¾ “Cuando yo me adhiera a ti con todo mi ser no habrá ya para mí penas ni pruebas, y la vida que esté llena de ti será plena”

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