HERREÑO PELUDO Y PIÑERO
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CRÓNICAS PRETÉRITAS
Por Donacio Cejas Padrón
El Senador por la isla de El Hierro, Javier Armas Gonzalez, ha presentado en El Casino La Igualdad de San Andrés, su nuevo trabajo literario, en este caso un audiolibro titulado HERREÑO PELUDO Y PIÑERO, en el cual recoge una selección de cuentos de su niñez y juventud, dedicado a sus abuelos, sus padres, sus hermanos y familiares, y a todas las personas de su entorno, que a su juicio han sido determinantes para perfilar su personalidad, muy especialmente referido sus primeros dieciocho años, que siempre se dice que es la etapa de la vida del ser humano, más fecunda en grabaciones en el corazón y en el cerebro, y que marcarán su estilo de vida en los años de la madurez y ancianidad.
Produce un gran placer espiritual, y una gran tranquilidad la lectura del referido libro, en el cual Javier con fina maestría y sensibilidad bien medida, y naturalmente muy meditada, hace un recuento de la
esforzada vida de sus padres, Muciano y Paca, que como la mayoría de los jóvenes de aquellos años, sesenta y setenta del pasado siglo, soportaron las dolorosas escenas de la emigración, la separación, las alegrías de los regresos, y sobre todo la satisfacción que, para sus padres, significó la culminación de la obra de su casa de San Andrés, para cuyo cometido hubo de emigrar varias veces a Venezuela, y que pensaban ellos entonces que acabaría con las despedidas y ausencias, pues ya con casa propìa era la ocasión para vivir en sosiego, sacando adelante a sus cuatro hijos.
Muciano se hizo taxista, con su coche Vauxal TF 12,240 ( no estoy seguro de la matrícula) criador de novillos, y además compró su camión Thamer TF 10,323, con el cual se dedicaba al trabajo de las mudadas entre San Andrés y El Golfo, y al transporte de mercancías, pensando que entre una cosa y la otra, podía obtener medios suficientes para sacar adelante a su familia, y por sobre todo pensando en que sus hijos pudieran estudiar.
Pero al poco tiempo Muciano se dió cuenta de que le sería imposible en El Hierro lograr los medios necesarios para que sus hijos estudiaran, y un día reunió a su familia y les anunció el propósito de emigrar todos a Tenerife, hacerse taxista allí, comprar una modesta vivienda, y consideraba él que esa sería la única manera de lograr sus sueños, tanto suyos como de su esposa Paca, y unos días después hicieron realidad lo anunciado, y cambiaron la vida de El Hierro, y llegaron a El Cardonal llenos de ilusiones y esperanzas, con el firme proposito de que sus hijos pudieran formarse adecuadamente para la vida.
Al poco tiempo de radicarse en Tenerife, nació su quinta hija, una niña que vino a completar el grupo familiar, y de ahí en adelante Muciano, dedicado por entero a la profesión de taxista, sin límite de horas cada día, poco a poco, fué viéndose recompensado por los buenos resultados académicos que sus hijos iban logrando y que al paso de los años, y con gran esfuerzo y prácticas de ahorro y austeridad, tuvieron venturoso resultado, pues sus hijos estudiaron y se insertaron en la vida laboral.
Llegado este momento, Muciano y Paca, ya con hilos de plata en sus cabellos, quisieron regresar de nuevo a El Hierro, a sus Llanillos y San Andrés, y transitar allí la última etapa de sus vidas, considerando que habían cumplido su propósito, y que era hora de recuperar el tiempo de ausencia de nuestra isla. Muciano falleció recientemente, y su esposa Paca presenta muy buen estado de salud. Estuvo presente junto a sus hijos y nietos en el acto de presentación, y decía Javier que sentía también allí la presencia espiritual de su padre.
En capítulo aparte, debo referirme a la muy sublime relación de Javier con sus abuelos, tíos primos, familiares y vecinos, ello refleja la personalidad de Javier, el amor a su familia, a su tierra, a la cual ahora está sirviendo desde altas estancias de la vida pública española, después de haber ocupado muy importantes cargos en diferentes escenarios de la vida pública y de la actividad política.
Estimado Javier, gracias por honrarme con tu amistad, para mi y para los de mi casa.




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