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CRÓNICAS SIN TIEMPO. LA PALOMA. por MANUEL PÉREZ RODRÍGUEZ

  • radiogaroecadenase
  • 28 jul 2019
  • 2 Min. de lectura


La tarde, cercana al ocaso del sol, invita a pasear por el llano colmado de sosiegos y con ganas de romper las fronteras del tiempo. Una blanca paloma vuela sobre los frutales y me evoca a aquella otra, genesiaca, que regresó hasta Noé y su Arca. -La paloma volvió al atardecer trayendo en su pico una rama verde de olivo En el paisaje bimbache que en estos momentos contemplo, no veo olivos. Pero sí unos ricos viñedos con una espéndida fruta. Agosto es tiempo de vendimia en el Golfo. Una tierra de buenos caldos. Muchos herreños han mantenido la tradición del cultivo de las viñas. Han sabido trajinar bien en los lagares y luego en las bodegas, realizar el milagro de unos vinos excelentes, las delicias del dios Baco y un importante icono gastronómico de la isla del Garoé. Isla de El Hierro, la estrella mítica del poniente canario que antes de la hazaña colombina descubriendo un nuevo Continente en el siglo XV, era el extremo del mundo conocido. La isla del Meridiano cero, isla de Orchilla, que con su Faro ha sabido despedir la añoranza y el desarraigo de tantos canarios emigrantes en sus rutas hacia una tierra de promisión. En otras ocasiones, se ha convertido en la luz de la alegría con el retorno, con el nuevo encuentro con las raíces profundas de las islas del volcán. soñadores de nuevos horizontes, pero también, fuertemente arraigados a las lavas de la isla que les vio nacer y crecer. En el paisaje que contemplo abundan nuevos cultivos que se han aclimatado perfectamente al clima y a ésta bendita tierra, especialmente la piña tropical, las mangas y los mangos. Donde toman un sabor especial de ésta tierra generosa y tradicional, como los duraznos o las jugosas brevas y suculentos higos. Todos los árboles frutales conviven en una franca armonía, oteados por los abruptos riscales cubiertos de la más variada vegetación. Pasear por estas tierras es siempre una delicia mirando a uno de sus iconos como son los Roques de Salmor, o el encanto de Guinea y sus casas de piedra seca o el cercano esfuerzo por recuperara los emblemáticos lagartos herreños. Pasear por estas tierras facilita el encontrarse consigo mismo, rompiendo las cadenas del pasado, alejarse de lo amargo y de lo gris y atesorar instantes que libera el alma de todo pasado, de todo lo negativo. MANUEL PÉREZ RODRÍGUEZ

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