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CRÓNICA SOBRE DON CARLOS QUINTERO por DONACIO CEJAS

  • radiogaroecadenase
  • 17 nov 2018
  • 3 Min. de lectura






OLYMPUS DIGITAL CAMERA CRÓNICAS PRETÉRITAS Por Donacio Cejas Padrón FALLECIÓ EL ILUSTRE HERREÑO D. CARLOS QUINTERO REBOSO En días pasados falleció en Santa Cruz de Tenerife, D. Carlos Quintero Reboso, un herreño ilustre que además de su actividad profesional como geólogo, habiendo estado destinado en varias ciudades de España, entre ellas Ciudad Real, y últimamente en Santa Cruz de Tenerife, donde se jubiló como Director regional en Canarias del Instituto Geográfico Nacional , pero siempre tuvo D. Carlos, sobre todo en sus últimos años, tiempo para escribir casi siempre sobre temas relacionados con su isla del El Hierro, publicó varios libros con gran abundancia de datos históricos, sociales, políticos, económicos, etc. que han sido ya y serán, para muchos tiempos por venir una referencia obligada, y unas fuentes de consultas para ahondar y conocer en profundidad la historia de nuestra isla. Era D. Carlos natural de Valverde y Tigaday, nacido en el seno de una familia acomodada, su padre D. Carlos emigró a Cuba en su juventud y parece que fue afortunada su estancia allí, regentando junto a su hermano un negocio en el centro de La Habana, dedicado a la venta de tabaco donde lograron reunir cierto capital que le permitió volver a El Hierro y adquirir buenas fincas en varios lugares de El Golfo y Valverde. Siempre me hablaba de sus higueras en Tejeguate y sus viñas en Amador y Tigaday, y su hermosa casa en La Ladera donde pasaba su familia los veranos, casa ésta que aún se conserva en muy buen estado y que ya pertenece a otra familia. También me recordaba los bailes de verano en Las Lapas donde la juventud de Valverde mudada a El Golfo, usaba la casa de D. Ramón Méndez como casino, donde D. Rafael Zamora y D. Gabino Febles, uno con guitarra y el otro con bandurria les tocaban piezas musicales de la época, como la mazurca, las folías, isas y malagueñas. Su padre tuvo la idea de que su hijo estudiara carrera universitaria, y lo mandó a Tenerife donde cursó el bachillerato, por la misma época que lo hicieron D. Juan Ramón Padrón, D. Feliciano Pérez Ayala y otros jóvenes de Valverde, trasladándose después a Madrid donde cursó la carrera ya referida, pero siempre volviendo a su isla en los veranos y no perdiendo el contacto con su familia y sus amigos. Tuve la suerte de conocerle a mi regreso de Venezuela, y me honra saber que gozaba de su estimación, compartimos buenas tertulias casi siempre relacionadas con temas de nuestra isla, y en sus libros algunas veces hacía referencia a algún dato que yo le había aportado sobre acontecimientos del pasado sucedidos en El Golfo u otro lugar de nuestra isla, lo recuerdo presente en La Plaza de Candelaria cuando les tributamos un homenaje a los promotores de la construcción del nuevo Campanario de Frontera, el cual me confesó que le había encantado. Fue asiduo tertuliano en diversos programas Radio Garoé como La Estancia, y me dice Da. María Elena que en los archivos de su empresa hay muchísimo material relacionado con D. Carlos, esperemos que algún día, alguna institución oficial preste a Da. María Elena, la ayuda necesaria, para que todo ese material tan extenso y variado se digitalice y se incorpore al patrimonio cultural de nuestra isla. Ya D. Carlos descansa en su Valverde querida, su Villa añorada en los años de ausencia, en La Caleta de sus amores, donde transcurrieron unos buenos años de su vida, una bonita casa nos lo recordará para siempre, y de ahora en adelante me propongo, volveré a leer todos los libros publicados por D. Carlos, para impregnarme de su espíritu, para recordarlo y admirarlo con más frescura, para aprender un poco más de él, de lo que nos aportó y enseñó, para recrearme de nuevo con la lectura de sus vivencias personales, que con tanto talento y naturalidad nos refirió en sus numerosos libros, y artículos de prensa, como cuando contaba la realización de su ilusión más soñada, que su tío le prestara la yegua Careta, hija de unos sementales traídos de Cuba, para ir con ella a La Bajada, y lo que disfrutó ese día tan inolvidable. D. Carlos aportó al patrimonio cultural de nuestra isla tanto material didáctico, tanta cultura e historia, que su figura pasará a formar filas entre los herreños más ilustres de todos los tiempos. Dedico a sus hijos el consuelo en su dolor de parte de mi casa y de los míos, y que quisiera fuera el de todos los que tuvimos la suerte de conocerle. Tuvo D. Carlos muchos méritos y no será el menor de ellos, el haber entrado en la historia de nuestra isla por la puerta del corazón. OLYMPUS DIGITAL CAMERA

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