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CARLOS GAVILÁN BATISTA Y SU INFORME SOBRE EL ALZHEIMER

  • radiogaroecadenase
  • 21 sept 2016
  • 7 Min. de lectura


En el Plan de Acción en Europa, tal como informa el boletín “Europa al día” elaborado por el departamento internacional del la OMC, se informa que teniendo en cuenta el envejecimiento de la población y el futuro incremento de personas mayores de 80 años, se prevé que el número de enfermos se duplique en 2020 y triplique en 2050. La presidencia belga de la UE va a aportar su contribución a este problema celebrando una Conferencia de Alto Nivel a finales de Noviembre en Bruselas, sobre el desafío de gestionar la demencia en la sociedad, así cómo mejorar la calidad de vida de estos enfermos y de sus familias. Conscientes del desafío que representa esta enfermedad para la Sociedad, Organización Mundial de la Salud (OMS) y la asociación americana de familias Alzheimer decretaron el 21 de septiembre “Día Mundial de la enfermedad de Alzheimer”. Esta conferencia se ajusta al plan de acción para combatir la enfermedad de Alzheimer y las demencias de la Comisión Europea que presentó en el 2009. El objetivo de esta iniciativa europea, es abordar los principales problemas de estas patologías en cuatro ámbitos: mejorar la coordinación de la investigación entre los países de la UE; actuar precozmente para diagnosticar la demencia; intercambiar buenas prácticas; así como y crear un foro de reflexión sobre los derechos, autonomía y dignidad de los pacientes. Nuestros ancianos Los actores de cine, teatro y televisión, siempre han representado a la población anciana como personas débiles, indolentes, obstinadas y proclives a las reminiscencias, con manos temblorosas, voces quebradas, postura encorvada y pasos lentos y arrastrados. En relación a estos cambios vinculados con la edad, los signos del envejecimiento más frecuentes son los oftalmológicos, la audición, disminución del sentido del olfato y en menor extensión del gusto, disminución de la velocidad y magnitud del movimiento, tiempo de reacción lento, trastorno de la coordinación y de la agilidad, reducción de la fuerza muscular y cambios en los reflejos tendinosos. Este complejo de anormalidades motoras se basa en las pérdidas de neuronas de la médula espinal, del cerebelo y cerebro, que en la mayoría de los casos tarde o temprano se acompañan de cambios mentales. En cuanto a los efectos del envejecimiento sobre la memoria y funciones cognitivas, en los mayores de 60 años se observa una disminución de la capacidad verbal, de la capacidad de memorizar y retener información, recordar nombres y evitar las distracciones. No obstante, los efectos de la edad que siguen sobre las capacidades mentales son extremadamente variables. Algunos sujetos de 70 años de edad funcionan mucho mejor durante las pruebas psicológicas (retener información, capacidad de aprender, concentración, cálculo, etc o pruebas específicas de memoria) que algunos individuos “normales” de 20 años de edad. Además, unas cuantas personas mantienen un poder mental excepcional y continúan con su trabajo creativo hasta la parte más tardía de su vida. Verdi por ejemplo, compuso Otelo a los 73 años de edad, y Falstaff a los 79. Humboldt escribió los cinco volúmenes de su obra Cosmos entre los 76 y los 89 años; Goethe produjo la segunda parte de Fausto cuando tenía más de 70 años de edad; por último, Galileo, Laplace y Sherrinton, siguieron haciendo contribuciones científicas en los octavos decenios de sus vidas, y Picasso aún pintaba a los 90 años de edad. La inteligencia superior, hábitos de trabajo bien organizados y juicio firme, compensan muchas de las deficiencias progresivas de la senectud. La esperanza de vida va aumentando progresivamente, con el consiguiente envejecimiento de la población, por lo que estamos asistiendo a un importante incremento en el número de personas con dependencia. Conseguir una buena calidad de vida en nuestros paciente ancianos y sus cuidadores es una tarea esencial para el médico de familia Los casos relacionados con el deterioro cognitivo son los que causan más impacto en las familias y los cuidadores. El término “carga del cuidador” alude a las consecuencias físicas, psíquicas, sociales y económicas debidos a la atención y cuidados a personas con dependencia. En Atención Primaria es frecuente que asistamos a familiares en los que intuimos sobrecarga; debemos confirmar en muchos casos esta situación crítica familiar y poder actuar así en consecuencia. Definimos como cuidador principal a aquel individuo que tiene mayor responsabilidad en el cuidado del enfermo o que cuida de él la mayor parte del día, encargándose de su alimentación, su aseo y vestido y sus cuidados médicos. Además, los cuidadores principales de enfermos con deterioro cognitivo han de soportar un sobreesfuerzo que conviene estudiar para gestionar adecuadamente su manejo. En el cuidador este síndrome supone una sobrecarga importante, mermando también su calidad de vida, especialmente a costa de los trastornos conductuales de los ancianos a su cuidado. Nuestra meta aquí es evitar que claudiquen, dando nuestro apoyo y trabajando con un equipo multidisciplinar. La demencia se caracteriza por la alteración adquirida y persistente de varias de las funciones intelectuales como la memoria, orientación témporoespacial, lenguaje, pensamiento abstracto, capacidad de juicio, etc. Por lo general es de carácter progresivo, y con síntomas persistentes respecto al estado previo del paciente, que le provoca una limitación funcional de intensidad suficiente como para interferir en sus actividades sociales, laborales o familiares, la presencia de los múltiples déficit cognoscitivos se manifiesta por: -Alteraciones de la memoria: ¿Le cuesta recordar el nombre de algunas personas, lo que hizo el día antes, dónde deja sus cosas? – Orientación: ¿Sabe dónde se encuentra ahora? ¿Se ha perdido alguna vez? – Lenguaje: ¿Tiene dificultades para recordar el nombre de algunas cosas comunes? ¿Le cuesta entender o decir algunas frases? ¿Tiene problemas para leer o escribir? – Capacidad ejecutiva: ¿Le cuesta tomar decisiones, opinar, organizar actividades o afrontar nuevas situaciones? Una (o más) de las siguientes alteraciones congnoscitivas: -Gnosias: ¿Tiene dificultades para reconocer personas u objetos conocidos? – Praxias: ¿Puede vestirse, abrocharse, manejar las llaves, etc.? – Razonamiento: ¿Es capaz de tomar decisiones adecuadas? – ¿Se encuentra triste, apático? ¿Está irritable, malhumorado, nervioso? -¿Tiene problemas de sueño? ¿Problemas de alimentación? -¿Ha habido cambios en su personalidad o en su comportamiento habitual? ¿Está más susceptible, más huraño, más desconfiado? ¿Se encuentra extraño, raro, ausente? – Actividades de la vida diaria avanzadas: ¿Puede realizar las mismas tareas laborales o sociales? (trabajo, ocupaciones) – Actividades de la vida diaria instrumentales: ¿Puede realizar sin ayuda las tareas domésticas? (usar el transporte, el teléfono, los cuidados de la casa, manejar los asuntos económicos, etc.). ¿Es capaz de manejar los aparatos de la casa? ¿Se maneja bien con el dinero sin ayuda? – Actividades de la vida diaria básicas: ¿Puede caminar, lavarse, vestirse, ir al servicio o alimentarse sin ayuda? Los déficits cognoscitivos dan lugar a un deterioro significativo de la actividad laboral o social y representan una merma importante del nivel previo de actividad, y su curso se caracteriza por un inicio gradual y un deterioro cognoscitivo continuo. Es uno de los problemas socio-sanitarios más importantes en el momento actual, por su frecuencia (la prevalencia de demencia en los mayores de 65 años es del 5-12%, y en mayores de 80 años puede afectar al 20-40% de la población) y por la dependencia que provoca. Puede ser secundaria a diferentes causas de tipo vascular, tumoral, infeccioso, metabólico, carencial, traumático, etc. Pero la mayor parte se debe a enfermedades degenerativas primarias cuyo prototipo, la enfermedad de Alzheimer es la demencia más frecuente en la mayoría de los países, seguida de las demencias vasculares y mixtas (enfermedad de Alzheimer con evidencia de enfermedad cerebrovascular asociada). A pesar de su alta prevalencia, la demencia está infradiagnosticada tanto en España como en otros países, sobre todo en estadios leves y moderados, y en general se tarda una media de 5 años desde el inicio de los síntomas hasta que se diagnostica. La enfermedad de Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa de las células cerebrales, las neuronas: es de carácter progresivo e irreversible, de origen todavía desconocido, y frente a la que no existe, hoy en día, ningún tratamiento capaz de curarla o prevenirla. Unos datos impresionantes que reflejan la magnitud del problema: Afecta al 5-7% de las personas de más de sesenta y cinco años. Cerca de 650.000 personas están afectadas en España y se manifiestan más de 100.000 nuevos enfermos al año. Si se estima el número medio de miembros de una familia a 4, son más de dos millones las personas que ven su vida trastornada por la enfermedad. Es la causa de invalidez, dependencia y mortalidad más frecuente en los mayores. Cuando un paciente presenta síntomas de alarma que sugiere deterioro cognitivo o una demencia es conveniente seguir un esquema diagnóstico básico. Se estima que el 80% de los ancianos con demencia presentan síntomas psicológicos y conductuales durante el curso de la enfermedad. Identificar estos síntomas es de suma importancia tanto para el paciente como para el cuidador y para el profesional encargado de elegir el tratamiento más adecuado. Para el paciente identificar estos síntomas supone un paso importante para mejorar su calidad de vida, ya que estos síntomas son un riesgo para la salud física al producir caídas, accidentes, autolesiones, etc. además de incidir en su capacidad funcional y emocional. Los síntomas psicológicos más frecuentes son: Ánimo depresivo, que presenta una prevalencia del 40-50% de los pacientes, con elevadas tasas de recurrencia. Alteraciones del sueño. Apatía. Ansiedad. Ideas delirantes, sobre el robo, abandono, infidelidad. Alucinaciones. Errores de identificación. Entre los síntomas conductuales: el vagabundeo o deambulación errática, que supone una importante sobrecarga a los cuidadores (caminar sin rumbo, actividad excesiva…). La agitación, con conductas agresivas o no, físicas y verbalmente, y que se presentan sobre todo cuando tienen limitadas las relaciones sociales, en depresiones, dolores crónicos, etc. Las reacciones catastróficas, que a menudo se presentan como reacciones de rabia, con estallidos de cólera y amenazas. La desinhibición. Trastornos en la alimentación. El negativismo. La intrusividad (expresiones de exigencia, impaciencia). Sobre la evolución de la demencia y su seguimiento, se estima que la supervivencia media de los pacientes con demencia, es de 10,5 años desde los primeros síntomas y de 5,7 años desde el diagnóstico. Las personas con demencia suelen experimentar un deterioro progresivo, pasando por varias etapas con diferentes características clínicas y funcionales. La necesidad de cuidados en cada fase se debe valorar de forma integral y coordinada por parte del médico, los trabajadores sociales y los profesionales de enfermería, que tienen un papel fundamental para asesorar a la familia sobre los cuidados. Durante el proceso de estudio o el seguimiento de una demencia o deterioro cognitivo, muchas veces es necesario derivar al paciente o a sus familiares a otros especialistas de apoyo con los que se debe trabajar de forma coordinada.

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